
Gran tierra de dioses,
donde el indígena,
cuchillo en mano,
refugió en el alma
toda aquella sangre derramada.
En aquel momento
amigos, toki,
era el agua, los árboles,
y el sentir
cómo el aire le susurraba en el oído.
Pero de un momento a otro
el aire no susurró más,
al parecer su voz se quedó atónita
y el agua clamaba en silencio profundo,
y los árboles no daban palabra alguna.
Sólo estaba el hombre
con su cuchillo en mano
defendiendo su territorio
su cultura
su enlace con la natura que lo rodeaba.
Nicol Calfunao.
